Conectamos mejor en silencio

¿Tu sabes estar quieto? Creo que es una tarea que a todos nos beneficiaría, pero muy pocos la consiguen, mantener el silencio. Especialmente cuando nuestros pensamientos van a mil por hora y no cesan nunca, no solo nos mantiene en constante comunicación verbal, sino en constante activación y en modo de “hacer”.

Curiosamente, una de las herramientas más poderosas de la comunicación es justamente el silencio. ¿Y cómo es eso, si no decimos nada?

Quizás habías escuchado que alrededor del 70% de nuestra comunicación se transmite por vía non-verbal. Eso quiere decir que la mayoría de lo que “decimos”, lo decimos sin palabras, sino con un lenguaje que no tiene que ver con aquella parte del cerebro en la que se forman argumentos y discursos. Es la parte del cerebro que, además, está conectada con nuestras sensaciones corporales, y las señales de nuestro interior, que en muchos casos pasan desapercibidos. Pero justamente esa parte comunica nuestras señales a otras personas a nuestro alrededor, que ellos las reciben con la misma parte de su propio cerebro.

Nota: hay excepciones y en algunas personas es otra parte del cerebro, pero la mayoría compartimos este hecho. Hoy no habrá detalles científicos, pero si te interesa, se trata de la parte derecha del cerebro y del sistema límbico. 

Cuando estamos muy activos, esta parte no se puede comunicar mucho, ni con nosotros mismos, ni con los demás. No recibimos tantos señales de nuestro interior a nivel consciente, y lo que transmitimos a los demás carece de profundidad y de detalle. Por eso en este modo de activación algunas personas olvidan de comer o comen demasiado, olvidan ir al lavabo, de beber agua, de hacer pausas en el trabajo, o tienen alta dificultad de escuchar con atención. No podemos frenar muy bien lo que estamos haciendo en este modo automático. Todo lo demás parece menos importante.

Esta parte hiper-activada se rige por el sistema nervioso autónomo simpático. Es la misma que nos pone en modo de lucha o huida. Cuando está desequilibrada, esta parte toma el mando sobre nuestra velocidad de vida diaria y nos cuesta mucho poner el freno.

El mundo occidental del siglo XXI es verdaderamente un mundo “simpático”. Se valora mucho la activación y el hacer, el cumplir, el producir, trabajar, construir… en fin. Somos una sociedad muy activada y muy productiva, en comparación a muchas otras culturas, que podríamos llamar “vagas”, si nuestros valores se rigen por esa activación.

Curiosamente, en la comunicación entre personas, esta activación puede no solo dificultar, sino impedir. Y es este hecho que dificulta enormemente que comprendemos a los niños por debajo de los 3 años, si estamos en modo activado habitualmente. No solo entre los adultos ya no se comunica con la profundidad con la que se comunicaba antiguamente, sino la conexión que establecemos en el núcleo familiar a veces es mucho más superficial y carece de cercanía, debido a esta sobre-activación del sistema nervioso.

Especialmente aquellas personas a las que les cuesta bajar de ritmo o estar quietos tienen la tendencia de crear una separación por dentro hacia ellos mismos y sus propias necesidades, y hacia fuera con los demás.

¿Y los niños?

Piensa que los niños desarrollan primero aquella parte del cerebro y del sistema nervioso que les permite la comunicación non-verbal y aquella que se rige por parte del sistema nervioso autónomo del parasimpático. O sea el otro, el “vago”, el tranquilo, el que no habla y no hace nada en especial. El que te ayuda a desconectar y de hecho te ayuda a conectar mejor contigo por dentro. También es aquella parte que nos ayuda a mantener un silencio interior y nos ayuda a escuchar (literalmente) mejor.

Curioso, ¿verdad? Quiere decir que el SILENCIO está conectado con aquel modo que nos permite comunicar con más profundidad por un lado, y nos permite escuchar a nuestro propio interior y comunicar nuestro estado afectivo, nuestras sensaciones, emociones, y nuestro amor, por el otro lado.

¡En silencio tu y tu hijo os escucháis mejor!

¿Hubieras pensado eso? Pruébalo en la práctica. Cuando quieres comunicarle algo a tu hijo y no funciona, mantén un momento de silencio. Conéctate con tu interior, prueba centrarte en tu cuerpo, en lo que sientes, en cómo respiras. Y después le dices lo que le quieres decir a tu hijo.

Me gustaría mucho que lo pruebes y que nos cuentes cómo te va. Pero no te frustres si no te sale a la primera. Hay una probabilidad alta que al principio no te va a salir, y solo te vas a poner más nerviosa/o. Pero persiste y créeme, el efecto a medio y largo plazo es tremendo, y los niños, especialmente los más pequeños, reaccionan con mucha facilidad y muy contentos. Piensa que para ellos ahora tu estas más presente y más cercano/a.

Aparte de las técnicas de meditación y de respiración hay todo tipo de técnicas que te ayudan a crear un silencio y mantenerlo. Te ayudan a conectarte mejor contigo mismo/a y además con tu hijo. Estas técnicas se pueden aplicar en el día a día, requieren muy poco tiempo y atención y crean un cambio que será visible en relativamente poco tiempo.

¡Anímate a probarlo, y cuéntanos cómo te ha ido!

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