Nuestros hijos perciben nuestros pensamientos y nuestras actitudes secretos más que nuestro comportamiento

Si lees a veces el blog del Ambulatorio Emocional, te habrás dado cuenta que uno de los ejes de nuestro trabajo es crear una sintonía entre padres e hijos.

Esta sintonía no solo pasa por comportarnos de una cierta manera hacia ellos. Hay de todo tipo de comportamiento, y además explicaciones de por qué nos comportamos de un modo u otro. En mi opinión, los comportamientos dicen muy poco sobre lo que nos pasa por debajo de la superficie y son un mix de todas nuestras actitudes, pensamientos, valores, educación… en fin, a veces un caos.

Estudios científicos (cientos de estudios científicos) ahora muestran que los niños están intrínsecamente conectados con nosotros, especialmente si somos la madre biológica o el padre, pero también en cualquier otra constelación en la que dedicamos nuestra atención primaria al cuidado de niños pequeños. Cuando más pequeños son ellos, más directa es la conexión que establecen, o al menos intentan establecer, con nosotros.

Nota: este artículo no hablará de la ciencia detrás, pero si necesitas comprobación científica de lo que estoy diciendo aquí, no dudes y léete alguna de las otras entradas en el blog o en el enlace de la bibliografía de la pagina. También, como siempre, puedes contactar conmigo directamente al contacto@ambulatorioemocional.com y te mandaré artículos y referencias.

Los comportamientos no tienen nada que ver con lo que estamos sintiendo por dentro. Puede que estoy estresada y a punto de romper, pero me freno, me aguanto y fuerzo a mi voz para aparentar más tranquila. Sobre todo no dejo rienda suelta a mis emociones, ¡faltaría más! El niño responde a esto, por que siente esa tensión con la que me aguanto. Y si, hay niños que lo llevan muy bien y casi no se dan cuenta, siguiendo con sus actividades a pesar de nuestra tensión y presión, y disfrutando con su juego.

Pero hay niños que entonces empiezan a desconectar y lo podemos notar cuando dejan de hacer contacto visual con nosotros, o ni siquiera aparecen oírnos. U otros niños que empiezan a actuar de forma hiperactiva y descontrolada, haciendo cosas que normalmente no las harían, justo en aquel momento cuando menos lo necesitamos.

Hay tantas variaciones y ejemplos como hay familias y niños en el mundo. Pero una cosa la tienen en común: cuando estamos tensos por dentro, los niños no pueden establecer la conexión con nosotros y se sienten aislados, rechazados, avergonzados y en algunos casos incluso atacados.

Si somos de aquellas personas que tienen dificultad en general de bajar de revoluciones y vamos más o menos tensos constantemente, la probabilidad es alta que nuestros hijos ya han asumido esta desconexión y su comportamiento se produce más o menos en sintonía con lo que queremos nosotros.

¿Sabías que tu puedes tener una gran influencia sobre el comportamiento de tus hijos, cuando estás más conectada/o con ellos?

El secreto está en lo que pensamos y sentimos por nuestros hijos en un momento dado. Los puedes amar con locura en general y sobre todo cuando están lejos, pero cuando están haciendo algo alrededor tuyo, fíjate un momento en lo que piensas de ellos.

Pongo un ejemplo: imaginemos una situación con nuestros hijos, en la que estamos observando lo que hacen. Piensa un momento: ¿cuál es la actitud con la que estoy observándolos? ¿Qué estoy pensando en este momento, quizás inconscientemente?

Cuando las cosas van bien, mis pensamientos serán positivos y de mucho cariño. Sin embargo, cuando las cosas van mal, de seguida me puedo tensar, se me acumula presión por dentro y a veces actúo automáticamente. En mi caso, definitivamente no quiere volcar a mi tensión sobre mis hijos, que desde mi punto de vista no tienen ninguna culpa en todo ello. Así que me freno. Y voy observando…. y me freno más.

Por debajo de la superficie empiezo a acumular, pero si estoy habituada, no me doy cuenta de ello. Por dentro siento solo que necesito controlar lo que hacen mis hijos, por que algo podría ir mal. Este “algo” está en el aire, no puedo ni poner el dedo sobre lo que podría ir mal en cada momento. Pero la actitud que llevo dentro es la de “tengo que controlar”.

He aquí la clave que hace que los niños no “funcionan”. Básicamente en estos momentos tensos, les estamos señalando que están haciendo algo malo. Es la tensión y la actitud que mostramos hacia ellos que ellos notan. Para nosotros puede ser más importante el comportamiento que mostramos hacia ellos, ya que finalmente es el resultado de todo lo que hacemos y pensamos, pero para ellos a esas edades tiernas, todavía es más importante lo que sentimos por dentro, especialmente si esa actitud es hacia ellos.

Los pensamientos son una parte de la tensión y los podemos observar. Puede ser que pienso, “bueno, no pasa nada, todo irá bien”. O quizás “eso lo va a romper”, o “se va a hacer daño”, “ui, eso no”, “vaya, otra vez el pañal”, “no tengo tiempo para eso ahora”. Si es así, por dentro podemos sentir que nos estamos tensos, a punto de quitarle un objeto, sacarle de un sitio, evitar que pase algo, observar y controlar que no haga nada….

Cada niño es diferente, pero la tensión interior de nosotros los padres crea una desconexión que podemos restablecer cuando nos damos cuenta de nuestra actitud.

Y si eso lo llevamos constantemente… Ufff… ¡¡¡Necesitamos un respiro!!!

Con mis hijos he visto más que una vez que cuando suelto esta tensión, todo empieza a ir más fluidamente. Me empiezan a escuchar cuando les digo algo, disfrutan de la autonomía, y si, algo puede ir mal de vez en cuando, pero incomparablemente menos de lo que podría anticipar cuando estoy intentando de controlar cada uno de sus pasos.

¡¡No digo que no se me escape ni mucho menos!! Por que he estado tensa en general por trabajo, por carga de tareas, pensando en cosas que me preocupan, y lo demás de mi vida diaria que ha tenido momentos desastrosos. Acepto que soy así, y después hago lo que pueda para bajar de revoluciones por que sé que puedo hacerlo mejor. Finalmente he creado toda una profesión alrededor de ello, ¡y no es por nada!

Sobre todo, no soy perfecta, y de eso estoy muy orgullosa. He conseguido mantener la calma en momentos en los que, hace un par de años, hubiera destellado con rabia. Es algo que valoro mucho, estoy muy contenta por ello, y mis hijos me lo recompensan con su propia actitud, cariño y cercanía.

¿Tienes ejemplos de tu vida?

¡Por favor deja un comentario y cuéntanos de ti!

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