Cuidando a las madres – la respuesta a muchas preguntas de la salud general

El hecho que la estabilidad emocional puede estar relacionada con el estrés que sentimos durante nuestra primera infancia y durante el embarazo, ha sido investigado y confirmado ampliamente durante las últimas 2 décadas.

El estado emocional de una persona adulta está significativamente conectado con las relaciones con su entorno, y, sobre todo, con la relación que tenía con su madre durante los primeros años de su vida, en aquel tiempo en el que se desarrolla su cerebro y se equilibra su sistema nervioso autónomo. Investigaciones han mostrado que el estado emocional de una madre influye directamente en el neurodesarrollo durante el embarazo e, incluso, influye en la forma del parto. Quiere decir que el estrés elevado durante el embarazo, y poco apoyo social por parte del entorno, puede incrementar significativamente el peligro de un parto prematuro.

El estrés durante la primera infancia puede ser tolerable y superable para el niño, si las personas alrededor apoyan a la familia, específicamente a la madre. De este modo el bebé percibe una sensación de seguridad básica, y se desarrolla con una tranquilidad interna. Para el niño en desarrollo la atención plena de su madre sobre él y sus necesidades emocionales y físicas está previsto por la biología humana del desarrollo, y ha logrado que nos convertimos en la especie animal más inteligente y socialmente competente. Esto significa que no solo nuestro estado emocional está relacionado con el cuidado que hemos recibido durante la infancia, sino nuestra biología del estrés, endocrina, cerebral/cognitiva e inmunológica. Entre las enfermedades y efectos nocivos relacionados con estrés tóxico durante la infancia están p.Ej. el trastorno pulmonar obstructivo crónico, cardiopatía isquémica, crecimiento tumoral, trastorno depresivo mayor, trastorno de estrés postraumático, conductas de salud riesgosas (abuso de drogas ilícitas, abuso de alcohol e inicio temprano de la actividad sexual) y déficit del neurodesarrollo.

En esencia, la salud de un adulto está significativamente relacionado con el estado emocional de sus padres y especialmente con la capacidad de su madre de estar con su disponibilidad emocional y su atención afectiva sobre el niño, dando aquel apoyo para el que está programado genéticamente el ser humano. Sin este apoyo y sin esta disponibilidad, la biología del desarrollo no llega a tener aquellos bloques esenciales para construir las estructuras de la salud en general.

Si extrapolamos estos datos y aquellos de los más de 100 investigaciones sobre los ACE (Experiencias Adversas de la Infancia, por sus siglas en inglés) que relacionan a la salud de las personas adultas con su desarrollo durante el embarazo y la primera infancia, nos pueden venir una serie de preguntas: ¿quizás hay una manera muy simple con la que podríamos prevenir una gran cantidad de enfermedades? ¿Quizás, si nos dirigimos a la fuente de su desarrollo?

Y si observamos el modo de vivir que llevamos los seres humanos en los días de hoy, comparándolo con la manera que hemos evolucionado durante la mayor parte de nuestra historia: ¿Estamos viviendo acerca de nuestras necesidades biológicas? O, ¿tal vez estamos intentando sobrellevarnos por encima de aquello que predetermina a nuestra salud con esta manera de vivir moderna?

Quizás está bien que nos desarrollemos y sigamos evolucionando como especie, pero la familia de núcleo se tiene que respetar en esta evolución. Su función para nuestra salud integral va más allá de su función social.

A pesar de la constante predicción de su desaparición, la familia sigue siendo una institución importante. Es el único refugio en una sociedad que no respeta a nuestras necesidades. La resiliencia y la salud provienen de ella y la debemos de cuidar. Es cierto que hay cambios en su estructura, sin embargo, hay un bagaje que llevamos encima cuya eliminación no se puede conseguir ni en 200 años, ni en 500 años.

La modificación de las funciones biológicas básicas, que determinan a nuestra naturaleza, no se consigue a corto plazo, y menos a base del estrés y el malestar generalizado. El tipo de modificación que hace evolucionar a una especie necesita miles, sino millones de años y estamos lejos de poder hacer este salto. Además, uno de los aspectos que determinan si una especie evoluciona es su bienestar, por que es este aspecto que los hace reproducir. Y sin reproducción exitosa no podemos evolucionar, eso incluye el cuidado mínimo de los hijos para que de ellos devenga una siguiente generación exitosa.

Nos debería de llevar a una conclusión general e importante sobre nuestra salud y naturaleza humana: El ingrediente que más nos podría llevar a un estado de salud general de la sociedad que permitiría una mejora es LA MADRE TRANQUILA Y CUIDADA

Cuidemos al nido, cuidemos a aquellas personas que crean, crían y cuidan a los niños durante su primera infancia de una forma natural a nuestra biología. Cuidemos a las madres y aquellas personas que las substituyen como cuidador primario, y apoyemos a esta parte de nuestra biología humana que, además, aparte de ser la base para nuestra salud, supone una mayor resiliencia hacia las adversidades de la vida.

Equipemos a la sociedad con un sistema inmunológico fuerte y una mayor salud general, cuidando a las mujeres que la crían. ¡Cuidemos a las madres con niños pequeños!

Fuentes

Christiaens, I., Hegadoren, K., & Olson, D. M. (2015). Adverse childhood experiences are associated with spontaneous preterm birth: a case-control study. BMC medicine13, 124. https://doi.org/10.1186/s12916-015-0353-0

Kyle C. Esteves, Christopher W. Jones, Mark Wade, Keegan Callerame, Alicia K. Smith, Katherine P. Theall, and Stacy S. Drury (2020) Adverse Childhood Experiences: Implications for Offspring Telomere Length and Psychopathology, American Journal of Psychiatry 2020 177:1, 47-57 

Smith, M. V., Gotman, N., & Yonkers, K. A. (2016). Early Childhood Adversity and Pregnancy Outcomes. Maternal and child health journal20(4), 790–798. https://doi.org/10.1007/s10995-015-1909-5

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