El rendimiento escolar – un tema que preocupa a padres y maestros…. demasiado tarde

Nadie puede negar que el informe PISA, informe del programa internacional para la Evaluación de Estudiantes (por sus siglas en inglés) ha alcanzado en los últimos años una gran popularidad, siendo muy conocido tanto por los profesionales de la educación como para la población en general debido a su protagonismo en los medios de comunicación, especialmente cuando se publican las conclusiones.

Según la Universidad Internacional de Valencia, en la prueba participan un total de 67 países y en la última edición los escolares españoles consiguieron la posición número 25 según El País. En líneas generales, los resultados de España son bajos, situándose por debajo de la media europea, como señalan los siguientes datos:

  • Un 46% de la población española no alcanza un nivel de estudios superior a la primera etapa de la educación secundaria, un porcentaje muy alto en relación a la media tanto de la UE (21%) como de toda la OCDE (25%).
  • Los resultados en comprensión lectora y matemáticos se sitúan por debajo del promediototal de todos los países evaluados. No obstante, se ha experimentado una ligera mejoría en las últimas en las últimas ediciones, especialmente en las materias de ciencias.

Se puede decir que la palabra que mejor define y sintetiza los resultados académicos de los escolares españoles analizados a través del informe Pisa, desde que se inició este estudio en el año 2000, es la siguiente: estancamiento.

Universidad Internacional de Valencia – El rendimiento escolar y de aprendizaje en España según el informe PISA

El estado emocional que viven los adolescentes actualmente quizás no está relacionado solamente con la presión por el rendimiento escolar, sin embargo no hay discusión que estamos observando un aumento en desequilibrio emocional, comportamiento y funcionamiento intelectual comprometido en la población general de esa edad que se puede medir a través de los niveles de estrés, la ansiedad y la depresión, el abuso de pantallas y videojuegos (entre otros), y el comportamiento distante y hostil mostrado hacia fuera.

Según M.J. Mardomingo Sanz, Jefe de Psiquiatría y Psicología Infantil del Hospital G.U. Gregorio Marañón de Madrid. Presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil en un artículo de la revista Faros del Hospital de Sant Joan de Deu, los trastornos de ansiedad son la patología psiquiátrica con tasas más altas de prevalencia en los adolescentes, afectando al 9-21% de la población general. El miedo y la ansiedad son reacciones normales de defensa ante el estrés ambiental; no obstante, cuando esa reacción es desproporcionada en intensidad y en frecuencia, limitando la actividad diaria del sujeto, se convierte en un trastorno psiquiátrico.

Estos trastornos y otros comienzan ANTES de los 6 años de edad.

El avance de las nuevas tecnologías de imagen nos ha proporcionado un conocimiento sobre aquellas regiones del cerebro relacionados con dichos trastornos, y nos permite llegar a conclusiones que durante muchos años nos han proporcionado un rompecabezas.

Hoy sabemos que la fase en la que más se construyen, programan y calibran aquellas estructuras, responsables para el rendimiento escolar, bienestar integral y la inteligencia emocional de las personas en general, es la edad entre los 0 a 4 años.

Entre los factores que nos deben de preocupar para que el desarrollo emocional y cognitivo se lleve acabo de forma sana y equilibrada, hay un factor que sigue siendo un tema de debate, tanto en las familias como en las escuelas infantiles: el sueño.

Investigaciones desde los 2000 muestran que la falta de consolidación del sueño induce somnolencia en niños y adolescentes. Sin embargo, las manifestaciones de somnolencia varían en los niños y van desde los signos clásicos de somnolencia (p. Ej., Bostezos) hasta conductas (p. Ej., Hiperactividad). Muchos niños pequeños y niños preescolares responden a la falta de sueño con irritabilidad, rabietas, baja tolerancia a la frustración y poca capacidad de atención. Además, numerosos autores han notado un vínculo entre el sueño insuficiente y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) ) en niños.

Aparte de eso el rendimiento escolar baja significativamente si acortamos el sueño infantil, pero no solo a la edad en la que nos preocupa el rendimiento escolar, sino mucho antes, entre las 0 – 7 años.

La corta duración del sueño por la noche afecta el funcionamiento de la corteza prefrontal, lo que resulta en un peor rendimiento en las tareas ejecutivas, como aprender un nuevo idioma, y en la creatividad, la regulación emocional, la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo. En niños en edad escolar, la interrupción del sueño, que incluye una duración corta del sueño y / o un sueño fragmentado, afecta el rendimiento cognitivo en las pruebas neuropsicológicas. Además a la edad preescolar la falta de sueño no solo afecta al funcionamiento, sino a la construcción de aquellas estructuras responsables para dichas funciones. Los efectos son duraderos y predicen rendimiento escolar y equilibrio emocional más adelante en la adolescencia.

Datos técnicos

A medida que los ciclos de sueño evolucionan con el tiempo siguiendo un patrón normativo, el sueño total disminuye de 16 a 18 h / día (y más en bebés prematuros antes de la fecha de término) a 13-14 h / día alrededor de los 6 meses. Las primeras manifestaciones de un ritmo circadiano aparecen a los 2-4 meses, cuando el sueño durante el día representa gradualmente una proporción menor de la duración del sueño nocturno. A los 6 meses de edad, la mayoría de la duración del sueño ocurre en la noche: las 3 a 4 horas de promedio la siesta durante el día representa aproximadamente un tercio del sueño nocturno. A los 18 meses de edad, el sueño durante el día representa un cuarto del sueño nocturno, ya que la mayoría de los niños pueden dormir 10 horas consecutivas por la noche y una siesta de 2.5 horas por la tarde. Por lo tanto, la proporción de sueño día / noche disminuye gradualmente de 18 a 60 meses para llegar a 0 una vez que los niños ya no toman la siesta.

A partir del año y medio de edad, el entorno influye sobre cuánto y cómo duerme un niño

Sin embargo, a los 18 meses de edad, la consolidación del sueño pasa de ser un proceso principalmente impulsado genéticamente a uno ambiental. Eso quiere decir que el entorno de los niños puede influir si el niño duerme las horas necesarias o no. La mayoría de los bebés se duermen con poco esfuerzo por parte de los cuidadores durante el primer año, a menudo durante o al final de las comidas. La rutina del sueño con niños de 18 meses parece bastante diferente. A menudo, los niños requieren algún procedimiento calmante para conciliar el sueño, y se sabe que las prácticas de los padres alrededor de los despertares nocturnos tienen un impacto en la duración del sueño.

Además, la siesta a esta edad puede convertirse en una función de las prácticas de cuidado emocional, lo que puede crear diferencias individuales en los patrones de sueño que tienen poco que ver con las predisposiciones genéticas iniciales. Además, los niveles de cortisol, hormona del estrés y la activación del sistema nervioso autónomo, se regulariza con la siesta, y se encuentran niveles más bajos durante todo el día, un factor positivo. Este hecho influye entre otros la calma, la atención, la concentración y la predisposición a descansar por la noche. El mal manejo de las rutinas de sueño diurnas y nocturnas debido a la falta de conocimiento por parte de los padres y escuelas infantiles por un lado, y por otro lado a los horarios familiares y escolares modernos, pueden tener un mayor impacto en el proceso de consolidación del sueño a esta edad.

En España la siesta de los niños se acorta habitualmente por decisión escolar al entrar en la P3. Sin embargo, la falta del sueño puede tener todas aquellas consecuencias listadas arriba. Ni el equipo educativo, ni la dirección de las escuelas están informados, y mucho menos las familias de los niños. Nos preocupamos mucho por su rendimiento y su bienestar emocional, buscando razones por qué se frustran tan rápido, ¿pero quizás empezamos demasiado tarda? En su lugar podríamos tener en cuenta la verdadera razón para estos desequilibrios.

En las clases de P3 estamos todavía en fase de pleno desarrollo cerebral y calibración de circuitos y el reloj biológico está por formar. Si empezamos a dar la oportunidad a los pequeños cerebros de desarrollarse según sus necesidades biológicas, quizás el rendimiento escolar más adelante ya no nos tiene que preocupar tanto.

Fuentes

Dionne, G., Touchette, E., Forget-Dubois, N., Petit, D., Tremblay, R. E., Montplaisir, J. Y., & Boivin, M. (2011). Associations between sleep-wake consolidation and language development in early childhood: a longitudinal twin study. Sleep34(8), 987–995. https://doi.org/10.5665/SLEEP.1148

Seegers, V., Touchette, E., Dionne, G., Petit, D., Seguin, J.R., Montplaisir, J., Vitaro, F., Falissard, B., Boivin, M. and Tremblay, R.E. (2016), Short persistent sleep duration is associated with poor receptive vocabulary performance in middle childhood. J Sleep Res, 25: 325-332. doi:10.1111/jsr.12375

Touchette É, Mongrain V, Petit D, Tremblay RE, Montplaisir JY. Development of Sleep-Wake Schedules During Childhood and Relationship With Sleep Duration. Arch Pediatr Adolesc Med. 2008;162(4):343–349. doi:10.1001/archpedi.162.4.343

https://elpais.com/elpais/2019/12/09/opinion/1575908386_279481.html

https://faros.hsjdbcn.org/adjuntos/336.1-Trastornos_ansiedad_adolescente%281%29.pdf

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