Como padres, usemos nuestro derecho

El cerebro humano tiene varios componentes, y actualmente se está investigando su importancia en el desarrollo del niño a una escala que no hemos visto en la historia de la ciencia.

Entre estos componentes, hay una división del cerebro, que se está enfocando en especial: la división entre hemisferio (lado) izquierdo y el hemisferio (lado) derecho del cerebro.

Ambas partes tienen funciones diferentes y se utilizan de forma diferente en la vida cotidiana del ser humano.

Especialmente en la crianza de un bebé y hasta al menos las 4 años de edad, conviene conocer un hecho en especial: el niño funciona básicamente con el lado derecho.

¿Por qué? Por una sincera razón, el cerebro no está todavía desarrollado completamente y por lo tanto en esta edad va a media vela, por decirlo de forma simple.

Quizás es más fácil de comprenderlo, cuando realizamos que el niño nace sin hablar. Y este hecho tiene su razón, ya que el lado del cerebro en el cual se “programa” el lenguaje tiene que conectarse y formarse todavía.

Hablemos del “derecho”: Las capacidades del cerebro humano del hemisferio derecho son muy interesantes, ya que aquí tenemos capacidades “intuitivas”. Aquí está

  • la creatividad,
  • las sensaciones corporales,
  • las emociones,
  • el amor y la compasión
  • la capacidad de reconocer caras,
  • jugar,
  • la intuición
  • los sentidos tacto, olfato, etc.

Todo aquello que tiene un “sentido” más general se encuentra aquí en este lado.

Por el otro lado está el “izquierdo”: Aquí está

  • el habla,
  • los símbolos,
  • la razón,
  • el denominar (darle nombre a las cosas),
  • la matemática,
  • la lógica,
  • las categorías,
  • ordenar… etc.

El lado derecho nos ayuda a conectarnos y sentirnos conectados y apoyados por los demás. El lado izquierdo nos ayuda a separarnos del grupo y a vernos como un individuo.

Cuando nace un niño, lo primero que hace es crea una conexión profunda con nosotros. Y lo hace a través de su capacidad innata humana de conectarse. Esta conexión se transmite a través de señales del cuerpo y de las emociones, hormonas, miradas, movimientos. El niño está totalmente programado para crear esta conexión durante sus primeros años de vida desde el nacimiento. El hecho de tener esta conexión con sus padres le supone su base de seguridad, en la cual tiene un ambiente perfecto para desarrollarse con toda tranquilidad. Nosotros como padres podemos estar más o menos receptivos y responsivos hacia sus señales. Más responsivos que somos, más profunda la conexión y mejor el niño se encuentra y se puede desarrollar. Lo que sentimos hacia el niño, y cómo nos sentimos por dentro se transmite, sin necesidad de palabras, el amor fluye.

Evidentemente no solo fluye el amor. Sino también el enfado, la desesperación, el estrés… todo lo que podamos sentir, el niño lo siente. Favorece muchísimo saber que el hemisferio derecho no solo ayuda a conectarnos con nuestro hijo, sino también a relajarnos! Por eso, no nos preocupemos, está todo previsto por la naturaleza.

Cuando nos convertimos en padres, ya en el embarazo, nuestro cerebro cambia y se pone en modo “recepción”, “crianza”, y, de hecho “relax”. Quiere decir que el cerebro recibe información que ahora es el momento de ser más “sensible”, “blandito”, “amoroso”, “empático”, y de tener tiempo y atención para lo que viene. Es cuando nuestro lado derecho se pone a trabajar para la preparación. Esto es algo automático, y algunos padres viven este cambio con más facilidad que otros.

Más “blanditos” que nos permitamos de ser, mejor el niño se conectará y nos comprenderá. Si nos enfadamos no hace falta desesperarse y preocuparse más allá de este momento. Nuestras emociones se equilibran después y vuelven a bajar. Si los dejamos y no nos aferremos a ellos, es decir.

Quizás lo que más deberíamos de reconocer es que como padres con niños de 0-3 años no solo NO somos máquinas, sino que la naturaleza nos ha hecho humanos y sensibles justo para poderles cuidar mejor a nuestros hijos. Dejemos que ellos puedan sentirse cercanos a nosotros.

Una de las conclusiones a las que me ha llevado este conocimiento, es que como madre tengo una necesidad. Y esta necesidad es de vivir de una forma tranquila la conexión emocional que siento naturalmente con mis hijos, desde muy adentro. Sin tener que preguntarme, si esto está bien, si lo estoy haciendo de forma correcta, cómo y qué debería de hacer en su lugar… Simplemente dejar que mis necesidades naturales me lleven y digan, ¡eso se siente bien, así debe de ser correcto! Por que lo que se siente bien permite más conexión, y los niños responden de forma positiva. Tengo un derecho por naturaleza de utilizar a mi lado derecho.

Si al leer esto te has hecho un nudo en la cabeza y sales con más preguntas que has tenido antes, coméntanos lo que piensas. El Ambulatorio Emocional está aquí para responderte a tus dudas.

 

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