El estrés en los bebés y por qué es importante evitarlo


Nadie quiere un bebé estresado. Lo que todos aspiramos es que el bebé esté lo más cuidado posible, bien nutrido, cómodo, apaciguado, a salvo y seguro. Sin embargo las informaciones del exterior no paran de entrar en la vida de un niño y el bebé está expuestos a una cantidad enorme de estímulos nuevos que fácilmente pueden superar a su capacidad de gestionarlos e incorporarlos sin sobrepasar el umbral del estrés.

Hasta un cierto nivel este tipo de estrés es deseable, normal e incluso necesario, si queremos que el bebé se desarrolle de forma normal y que aprenda a adaptarse poco a poco a los nuevos estímulos, y por lo tanto a su mundo en el que vive.

El estrés se vuelve nocivo en el momento que el bebé está expuesto a un nivel alto de estrés. Aquí unos ejemplos para explicar qué sería estrés alto o crónico. Damos un caso de un bebé que crece en una familia sin abusos de drogas, ni de alcohol, ni que haya trastornos mentales de gran importancia. Quiere decir que hablamos del caso en el cual la capacidad del cuidador de llegar a satisfacer las necesidades del niño está dada. Entonces el estrés crónico podría tener los siguientes razones:

  • El cuidador principal no está con él de forma constante lo cual le causa un miedo crónico (recordamos que los bebés dejados solos sufren de un miedo enorme ya que su supervivencia depende de la presencia de un cuidador constante)
  • El cuidador sufre de un estrés elevado y/o preocupaciones importantes, y su atención está dividida. De esta manera no tiene la capacidad suficiente, mental o emocional, para estar atento a las necesidades del bebé
  • El bebé sufre un dolor u otra molestia constante la cual no se le está detectando o cuidando

Cuando los niños están expuestos a niveles altos de estrés son más predispuestos a desarrollar problemas de comportamientos y de salud más adelante en su vida (Asok et al 2013; Luby et al 2013). En el peor de los casos el estrés crónico puede alterar el crecimiento del cerebro y acortar la vida.

Pero hay una buena noticia para padres que se sienten presionados por ser buenos padres a pesar de sus dificultades.

Podemos hacer muchas cosas pequeñas que ayudan a proteger a nuestros bebés de los efectos del estrés.

Una de las cosas que más les protege a ellos es el contacto físico, mejor ya de piel contra piel entre cuidador y bebé. Investigaciones muestran que un cuidado con muchas caricias y contacto corporal ayuda no solo a superar al bebé los efectos nocivos del estrés, sino les ayuda a desarrollar resiliencia hacia el estrés y los problemas relacionados con él, más adelante en la vida (Meaney 2001). Además, otros investigadores encontraron evidencia que niños que nacieron con una condición que los puso en situación de alto riesgo a desarrollar patologías y problemas relacionados con el estrés, se desarrollaron de forma normal y positiva si sus madres les daban muchas caricias y contacto cariñoso durante la infancia temprana (Sharp et al 2012; Sharp et al 2015).

Son muchas las investigaciones que confirman que la sensibilidad y responsividad afectuosa del cuidador hacia su bebé estresado a una edad muy temprana, consigue que el niño se desarrolle sano, con un alto nivel de autoestima e independencia, ganas de explorar el mundo y con una actitud abierta y cariñosa hacia los demás.

Referencias:

Asok, A., Bernard, K., Roth, T. L., Rosen, J. B., & Dozier, M. (2013). Parental Responsiveness Moderates the Association Between Early-life Stress and Reduced Telomere Length. Development and Psychopathology, 25(3), 577–585. http://doi.org/10.1017/S0954579413000011

Luby, J., Belden, A., Botteron, K., Marrus, N., Harms, M. P., Babb, C., … Barch, D. (2013). The Effects of Poverty on Childhood Brain Development: The Mediating Effect of Caregiving and Stressful Life Events. JAMA Pediatrics, 167(12), 1135–1142. http://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2013.3139

Meaney, M. J. (2001), Maternal care, gene expression, and the transmission of individual differences in stress reactivity across generations. Annu Rev Neurosci. 2001;24:1161-92.

Sharp, H., Pickles, A., Meaney, M., Marshall, K., Tibu, F., & Hill, J. (2012). Frequency of Infant Stroking Reported by Mothers Moderates the Effect of Prenatal Depression on Infant Behavioural and Physiological Outcomes. PLoS ONE, 7(10), e45446. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0045446

Sharp, H., Hill, J., Hellier, J., & Pickles, A. (2015). Maternal antenatal anxiety, postnatal stroking and emotional problems in children: outcomes predicted from pre- and postnatal programming hypotheses. Psychological Medicine, 45(2), 269–283. http://doi.org/10.1017/S0033291714001342

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